Por Pilar Baptista Lucio

Publican este libro dos investigadoras del
Centro de Investigación en Comunicación Aplicada: Ma. Antonieta Rebeil y Delia Gómez, presentando un tema que ha sido preocupación desde hace varias décadas, la violencia televisiva que, como ellas mismas lo dicen en la introducción, es “una asignatura pendiente”.

La violencia en la televisión se define como la expresión abierta de fuerza física en contra de otros o de sí mismo, o la coacción para actuar en contra de la voluntad de alguien por medio del dolor, por heridas o por muerte.

La violencia en la televisión es problema en muchos países, pues éste es un medio que utiliza criterios meramente mercantiles para decidir los contenidos que supone atraen a la audiencia. Bajo esta consideración, el resultado es que se ha monitoreado en programas informativos un promedio de tres muertes por noche, cinco asesinatos por hora durante horarios estelares; en las caricaturas hay de 20 a 25 incidentes violentos; en películas como Robocop hay 81 muertes violentas; en series extranjeras el 56% son de carácter violento. Entonces, ¿qué implica esta violencia televisiva en nuestra sociedad?, ¿cómo debemos tratar este fenómeno?, ¿qué recomiendan los académicos?

El libro da respuestas a estas preguntas y, para ello, las autoras han invitado a especialistas de la Universidad Anáhuac, de la Iberoamericana, de la UNAM, la del Valle de México y a distintos profesionistas comunicólogos cuya labor está en los consorcios y en el cabildeo de temas como éste en la agenda del país.

Esta obra está dividida en cuatro partes. En la primera se presentan dos investigaciones que dan sustento al tema en discusión: la primera realizada por las coordinadoras del libro y el maestro Cándido Pérez Hernández que examinan los contenidos de las principales cadenas de la televisión mexicana. Los hallazgos establecen que predominan los géneros informativo, ficción, infoshows, variedades y entretenimiento. En todos ellos hay una buena dosis de violencia, especialmente en los de ficción e informativos. Se documenta también el fenómeno de los reality shows con violencia en el lenguaje, así como la exhibición de relatos informativos sobre las vidas privadas que conllevan a un proceso de degradación ética y estética que es actualmente objeto de estudio de muchos investigadores en comunicación.

La segunda investigación es un estudio de Jorge Hidalgo en el que establece cómo la televisión y los medios forman parte de nuestros “otros significativos”. Los padres, la escuela, la familia y la TV representan una interacción simbólica que interviene en el desarrollo de las personas. El autor propone la implicación de todos para potenciar la función democratizadora de la televisión. Por ejemplo, una correspondencia en valores con las cadenas, la responsabilidad creativa de los productores, la mediación ética de los padres y una ultra alfabetización en medios de los receptores.

Se establece, pues, desde la primera parte de la obra, el hilo conductor del deber ser y de la ética como dimensión que debe guiar las acciones para mejorar lo que actualmente tenemos. Definido en palabras de las autoras es: “la violencia como manipulación, el amarillismo como forma belicosa en las relaciones y la cosificación de la persona”.

La segunda parte contiene el debate teórico que da contexto al fenómeno de la violencia y la televisión. Se admite que el sujeto no es pasivo y, por ende, el receptor es un sujeto psicológicamente activo que vive en un contexto social específico desde el cual recrea e interpreta los contenidos televisivos. Inés Cornejo Portugal se pregunta si la realidad se refleja en la televisión o la televisión crea un producto cultural que incide en la realidad.

Carlos Cienfuegos reflexiona sobre qué tipo de sociedad hemos construido para necesitar contenidos violentos como forma de escape, y si existe una relación entre hechos de gran crudeza en la sociedad y la aparición de imágenes muy explícitas en la televisión.

José Antonio Forzán nos advierte sobre los peligros de reducir un fenómeno a “un juego de conceptos trastocados” que crean mitos y no nos dejan ver la realidad. Estos cuestionamientos son muy importantes, pues dependen de una pregunta de investigación bien planteada el encontrar las soluciones. Así, en esta segunda parte del libro se nos plantea si un contenido violento tiene consecuencias sobre un sujeto, y si el tema de la violencia, la televisión y la ética debe llevarse a la arena del debate filosófico y moral de la sociedad.

La violencia, en efecto, es parte de lo cotidiano, de nuestra realidad. Pero una cosa es la imposibilidad de ocultarla, de expresarla como producto cultural, y otra el magnificarla en la televisión.

En la tercera parte del libro se presentan reflexiones sobre la relación familia y televisión. Aquí se concibe a la familia como sujeto social, otorgándole poder y dignidad.

Pero, ¿propicia más violencia la violencia en la televisión? Ésta es una pregunta central que ha encontrado una respuesta no concluyente.

Helen Keller Hewes, apoyada en los escritos de Albert Bandura y su teoría de aprendizaje social, sostiene que los niños modelan comportamientos imitando a los adultos cercanos y a los personajes de la televisión. Y concluye que se aprende a aceptar la violencia como un hecho y a usarla como una forma de solucionar problemas.

En otro artículo de Gabriela de la Riva se reseñan cambios sociales y de roles en la familia, así como la manera en que la televisión puede encajar positivamente en la cotidianidad familiar.

En la cuarta y última parte de esta obra se hacen propuestas concretas para contrarrestar la violencia televisiva. Saráh García Silberman toca el punto de la legislación que, por su ambigüedad, es burlada por las televisoras. Éste es un punto medular, a mi juicio, sin una reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión.

Analycia Pérez Mina relata la experiencia del Consejo de la Comunicación para instituir el Día de la Familia. Roberto Sánchez Mejorada propone una pedagogía para un consumo más crítico y racional de la televisión a través de la alfabetización en medios o media literacy.

La otra propuesta de este libro es educar al receptor a ser crítico, pues la preparación del niño y del joven es fundamental para vivir en un entorno crecientemente mediático.