Comunicación intrafamiliar y videojuegos

Posted by Publicadas por Clemente Sánchez-Uribe On 11:51


Patricia Martínez Lanz

Se define familia como la coexistencia de dos grupos de seres humanos, padres e hijos, entre los cuales existen relaciones de progenitores y descendientes. Estas relaciones son la característica primaria en que se apoyan todos los otros tipos de relaciones (Eroles, 1998; Romero y Aguilera, 2002).

Las relaciones familiares están consideradas como importante fuente de formación de la personalidad y actitudes del individuo pero, principalmente, por su amplia red de injerencia en el área de la educación.

Asimismo, es la institución natural insustituible para que en su seno el niño alcance la plenitud del desarrollo físico, psíquico y moral que habrá de culminar en la maduración propia de la vida adulta. La madre es garantía de seguridad y permanencia, el padre de guía seguro y los hermanos son el primer aprendizaje de convivencia social. Esta evolución normal de la vida infantil queda a veces alterada por un acontecimiento como la carencia o irregularidad de un hogar (Eroles, 1998; González y Andrade, 1993).

La armonía de la familia, influenciada por los acontecimientos externos, puede quedar turbada, ya sea por falta de autoridad del padre, por desafecto de la madre, por abuso o agresión por parte de los hermanos o por la disgregación del hogar. Así, las relaciones afectivas de la infancia determinarán, en gran medida, la vida amorosa del adulto, por lo cual los padres tienen la responsabilidad de brindar intimidad, autoridad y educación para el buen desarrollo de la psique del niño.

Sabemos que la influencia del medio familiar sobre el nivel de aspiraciones del niño es una situación básica, ya que si a su alrededor la ambición es limitada y restringida, si tiene por costumbre ver que la gente se satisface con profesiones modestas, y limita sus miras a la obtención de lo necesario y a la garantía de una seguridad, él ratifica este punto de vista y a la vez limita sus perspectivas.

En la sociedad actual, la familia está atravesando por una etapa de crisis, derivada de la evolución que ha sufrido con el paso del tiempo. Una de las consecuencias ha sido la estructura familiar y, por lo tanto, los niños mal atendidos o abandonados (Kempe y Kempe, 1982; Romero y Aguilera, 2002).

El estatus familiar, esto es, la manera en que está compuesta la familia, es de gran importancia, ya que estudios realizados han demostrado que los niños que crecen dentro de familias de padres y madres solteros, al igual que en familias reconstruidas (es decir, separados y vueltos a casar), son más susceptibles a problemas que aquellos niños que crecen dentro de una familia tradicional (es decir, padre y madre), fundamentalmente porque los padres solteros tienen menos tiempo para apoyar y convivir con los hijos (Olson 1979; Zaborskis, Zemaitiene, Borup, Kuntsche y Moreno, 2007).



Otro factor relevante en el desarrollo de niños y adolescentes son las actividades comunes que tienen los miembros de la familia. Estos procesos familiares son expresiones culturales y sociales que permiten la comunicación y la integración en la familia y han sido considerados factores promotores de la salud mental de sus integrantes (Apolinaras y cols, 2007).

La responsabilidad de los padres en cuanto a proporcionar suficiente tiempo de convivencia con los hijos es relevante, ya que se ha encontrado que si los niños y jóvenes están faltos de apoyos afectivos, sobre todo familiares, atienden su campo de evasión en los medios masivos de comunicación y electrónicos, afirmando su personalidad a través de la información que éstos le proporcionan (Cummings y Vandewater 2007; Willoughby, T. 2008). Asimismo, en muchos casos esta reacción es una protesta social, especialmente en contra de la familia (Chazal, 1960).

Muchos estudios han indicado la correlación directa y significativa entre disfunción familiar y social con los subsecuentes problemas cognitivos y conductuales (Marquis, 1994; Yoshikawa, 1994; Le Blanc, 1992; Matlack, McGreevy, Rouse, Flatter y Marcus, 2002).

Le Blanc (1992) considera que la familia y la agresión es probablemente el tema más investigado, y gran cantidad de características familiares están ligadas a la ofensa o agresión. Este tema se ha estudiado desde dos aproximaciones: considerando las características familiares que se relacionan con la agresión adolescente, y con una aproximación donde algunas características familiares son utilizadas como explicación de la agresión adolescente y como consecuencia a la delincuencia juvenil.

En relación con los efectos que el apoyo familiar y la educación pueden proporcionar como protección acumulativa preventiva, Yoshikawa (1994) propone un modelo protector. Afirma que los factores de riesgo a edades tempranas incluyen efectos interactivos e intervenciones que combinan la ayuda y el apoyo familiar con la educación temprana y que éstos, desarrollados adecuadamente, pueden ser factores preventivos múltiples a largo plazo con efectos protectores a corto plazo.

La intervención temprana, en cuanto a apoyo familiar, está asociada a riesgos familiares, mientras que el componente de educación temprana lo está con efectos sobre riesgos del niño. Ambos componentes son necesarios para evitar riesgos múltiples en delincuencia. Matlack, McGreevy, Rouse, Flatter y Marcus (2002) realizaron un estudio sobre deficiencias sociales en dos grupos de adolescentes de sexo masculino: el primero compuesto por sujetos de un centro de detenciones y el segundo por sujetos de una universidad rural. Los autores correlacionaron variables de estructura y funcionamiento familiar con habilidades sociales y reportaron una relación significativa en los dos grupos: entre las habilidades sociales deficientes y la pertenencia al grupo, y entre estructura familiar y pertenencia al grupo.

El desarrollo del niño en el contexto familiar ha sido reiterado como la fuerza indispensable para que el sujeto cubra sus necesidades básicas, no sólo en cuanto a situaciones socioeconómicas, sino como la fuerza que debe incluir comunicación, soporte social, socialización, enfrentamiento y desarrollo de habilidades. La Academia Americana de Pediatría (Schor, 2003) menciona que la autoestima del niño crece a través del cuidado, el cariño, la valoración y el sentimiento de que son parte de una unidad social que comparte valores, se comunica abiertamente y provee apoyo.

La familia transmite y proporciona valores a los niños permitiendo la conexión de éstos con el mundo exterior. Si esta fuerza de trabajo no es adecuada, los modelos de funcionamiento familiar se deterioran causando daños severos en el niño o adolescente, mismos que van a repercutir en sus conductas a corto y largo plazo.

Comportamiento con medios masivos y videojuegos en niños y adolescentes

El rápido crecimiento de los medios electrónicos ha generado preocupaciones entre profesionales, padres, estudiantes y políticos. De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría (Roberts, Foehr, Rideout y Brodie, 2005), los niños y adolescentes estadounidenses entre 2 y 18 años de edad pasan un promedio de más de cuatro horas diarias frente los medios electrónicos.

El desarrollo de los medios masivos de comunicación en los últimos 30 años representó un cambio extraordinario en el uso y la existencia de varios medios, y de la humanidad. En 1974 se reporta una red de 40 computadoras y el primer uso público del Internet en 1980. Para el año 2005, los usuarios que potencialmente podían comunicarse por medio de Internet, aumentó a más de 100 millones (Nielsen 1995 y 1998).

La irrupción de Internet en las vidas de los usuarios afecta también sus conductas cotidianas. La rápida expansión y promoción de la red y su uso cada vez mayoritario, implica también la necesidad de dedicar un espacio de tiempo diario a utilizarlo, que puede conllevar, en algunos casos, a un reajuste del tiempo dedicado a otras actividades.



Internet, televisión y los videojuegos en computadoras fijas y portátiles influyen en la salud, el conocimiento y el desarrollo social de un sujeto de manera importante. Sus pensamientos, su visión del mundo cotidiano, sus opiniones sobre las formas estéticas, políticas y culturales consideradas como normales y correctas son expuestas a un flujo de información que no parece terminar.

Dado que más familias en el mundo poseen una televisión que un teléfono, muchos adolescentes dedican entre 16 y 17 horas semanales a la televisión (Nielsen 1995 y 1998). En este tiempo los niños, a partir de los dos años de edad, se exponen a contenidos violentos, sexuales y conocen la existencia de drogas, pues el 61% del entorno al programa de televisión contiene violencia y abuso físico, con un uso de armas de fuego en 26% de los delitos violentos (Kuntsche, 2004).

Se ha descubierto en varios estudios que la violencia presentada en televisión, en películas y en videojuegos influye en la conducta de niños y adolescentes de una manera aguda y crónica (Brown, 2005).

La afición actual de niños y jóvenes a los videojuegos violentos y a asistir a cibercafés y centros de computación con conexión a Internet, no es solamente para acceder a bases de datos en busca de información para hacer sus tareas escolares, sino para curiosear páginas web y jugar en red juegos informáticos de última moda que los involucran en acciones intensamente agresivas, en temas de ataque, de combate y de guerra.

El periodo promedio de tiempo que los jóvenes dedican a los videojuegos ha aumentado considerablemente en los últimos años y representa un problema para muchos padres, maestros y para los jóvenes mismos. La influencia de la utilización de diferentes tipos de medios, sobre todo los videojuegos, con la conducta y los sentimientos de los jóvenes, se ha estado investigando con frecuencia en los últimos años.

Sabemos que los niños y adolescentes que usan en exceso la red, manifiestan problemas frecuentes, como sentimientos de culpa, deseo intenso de estar o continuar con la conexión a Internet, pérdida de control, pérdida de trabajo o clase, ansiedad y disfunción social. Asimismo, es ampliamente conocida la influencia que posee la exposición a programas de televisión con contenidos de violencia en el incremento de actitudes y comportamientos agresivos en los espectadores.

En cuanto a los efectos de los videojuegos con contenido de violencia en los jugadores, sugieren que pueden incrementar en las personas pensamientos, sentimientos y conductas agresivas, tanto en ambientes de laboratorio como en la vida real. Por ejemplo, los jugadores desempeñan el rol de terroristas o contraterroristas, y el programa les suministra por simulación las experiencias que supuestamente viven los personajes en pleno enfrentamiento. Los niños tienen acceso a diferentes tipos de armas, equipos y habilidades de ataque y contraataque quedando los jugadores absortos en una secuencia de acciones de asesinato, destrucción, agresión física, persecución hostil, venganza y daño al oponente. Los jugadores pueden enfrentarse con la computadora, con otras personas conectadas en red, o pueden jugar vía Internet.

La calidad de las relaciones interpersonales (indispensable para una maduración armónica de la personalidad) tiene fuertes repercusiones sobre la seguridad posterior del niño. Los cambios bruscos de carácter y de comportamiento inducidos por las adicciones no pueden dar el equilibrio lógico y normal, que se ve distorsionado por las fases totalmente diferentes y contradictorias de los afectos maternos y paternos.

Los medios de comunicación masivos son, en la actualidad, elementos fundamentales de la sociedad que permiten que la información accese a un gran número de sujetos. Por otro lado, el uso de medios electrónicos juega un papel importante en las conductas recreativas de niños y jóvenes; sin embargo, se ha comprobado que el exceso en este uso decrementa la actividad mental y el desarrollo físico de los adolescentes (Lampert, Sygush y Schlack, 2007).

Algunos autores afirman que los malos hábitos en la conducta alimentaria de los jóvenes y sus posteriores trastornos pueden ser un efecto secundario de la interacción excesiva de los medios de comunicación (Van den Bulk y Eggermont, 2006), pues el uso de computadores o televisión durante las horas libres desplaza la cantidad de tiempo necesario para las comidas y la comunicación familiar. Por otro lado, su empleo moderado y controlado por los padres se ha asociado a orientaciones académicas positivas y a conductas sociales no violentas (Bercedo, 2005; Willoughby, 2008).

A pesar de todo, no se puede garantizar que los jóvenes que hacen uso de los medios adecuadamente tengan una mejor interacción con sus padres o que utilicen su tiempo libre en otras actividades. Para ello, Shari et al. (2006) sugieren dos estrategias para el uso adecuado de los medios masivos de comunicación e Internet:

1. Proveer a los padres información sobre los efectos positivos y negativos de los medios.
2. Proporcionar a los padres estrategias sobre restricciones y programas educativos disponibles sobre el tema.

Los padres tienen una responsabilidad muy importante no sólo en controlar el tiempo y el uso de los medios, sino también en el establecimiento de una relación adecuada con sus hijos. El apoyo afectivo, la comunicación, el tiempo de convivencia y la armonía familiar son de gran relevancia como factores acumulativos y preventivos en el desarrollo de niños y jóvenes saludables.




La sociedad en su conjunto debe incrementar la educación en los medios de comunicación estimulando, en forma razonable, su uso, y enseñando a los adolescentes a ser críticos en la selección de éstos. Los padres deben establecer límites y evitar la presencia de aparatos electrónicos en los dormitorios de adolescentes, supervisar los videojuegos, el acceso a Internet y el uso de correos electrónicos.


Referencias

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Bercedo, S. (2005).
Brown, L. (2005). The Influence of violent media on children and adolelescents: a public-health approach, Feb 19-25, 365(9460):702-10.
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